Miedo al comromiso

“Creo que el amor verdadero crea un refugio ante la muerte. Toda cobardía viene de no amar o de no amar bien, que es lo mismo” Ernest Hemingway.

Encontrar este amor verdadero del que habla Hemingway, este tipo de amor en el que uno siente que está a salvo, seguro, confiado, es uno de los deseos de una gran mayoría de los mortales, sin embargo ¿cómo puede ser qué a pesar de esto haya tantas historias que terminan una mañana, unos días, o unos meses después, casi antes de que haya tiempo para llegar a este estado de calma y bienestar?

Alcanzar este tipo de amor requiere enfrentarnos al miedo a exponernos ante el otro, a mostrar nuestra vulnerabilidad, nuestras imperfecciones, a correr el riesgo de resultar herido. Sufrir del conocido mal del miedo al compromiso, nombre coloquial al que los psicólogos llamamos miedo a la intimidad, significa tener miedo a acercarse a los demás de forma afectiva, a abrir nuestro corazón y lo que realmente somos al otro.

Lo peor de este mal es lo que tienen de malo muchos otros dolores, que quién lo sufre no sabe la causa por lo que no puede ponerle fin, o quizás decidió anestesiarse en exceso porque una vez ya le dolió demasiado, y se cura en salud, por si acaso, para  las siguientes relaciones.

¿Recordáis aquel juego de cuando eramos pequeños, “Beso, verdad o atrevimiento”? Para vencer el miedo a la intimidad hay que pasar por pruebas parecidas y si no las pasas te quedas una partida, dos o toda la vida sin jugar al juego del amor y las relaciones de verdad:

  1. Si sientes que lo mejor de ti es tu belleza, tu rol social, tu inteligencia u otros aspectos superficiales y buscas solo reconocimiento constante con ellos no pasarás la prueba de “la verdad”. Quizás alguien no te lo haya dicho pero eres algo más que todo eso.
  2. Si utilizas el sexo y la seducción como único medio para acercarte a los demás tampoco superarás la prueba del “beso”. No te escondas detrás de estas máscaras.
  3. Si en tu vida tienes demasiados secretos que solo guardas para ti por creer que son inconfesables no podrás pasar  la prueba de la “verdad”. Comparte tus secretos con los que saben guardarlos.
  4. Si sientes culpa o vergüenza por aspectos de ti mismo o de tu pasado no pasarás la prueba del “atrevimiento” Como dice Eduardo Galiano “ Los científicos dicen que estamos hechos de átomos pero en realidad un pajarito me contó que estamos llenos de historias”
  5. Si no compartes tus temores y sentimientos más profundos no pasarás la prueba de la “verdad” ni tampoco la del “atrevimiento”. No te quedes en la superficie, deja que te vean.
  6. Si te incomoda que el otro te hable de sus sentimientos hacia a ti no pasarás la prueba del “ beso de verdad”

Y lo más importante…. Si desconfías de tu compañero/a y de ti mismo no pasarás  ninguna de las tres, y si vas a jugar, arriésgate y juega de verdad como si fuese la primera vez.

No atrevernos a pasar por estas pruebas nos hace repetir los mismos errores y nos enfrenta con la frustración una y otra vez de “no encontrar el amor”.

Volviendo al ejemplo del dolor, en ocasiones no es el dolor lo que más daña sino todo lo que hacemos para huir de él.

Zara Sánchez. Psicoterapeuta y Formadora en Positiva Psicologia.