¿Estar en pareja o estar solo? ¿Hasta donde estás dispuesto a renunciar o a compartir?

En pleno siglo XXI, donde la mujer está inmersa en el mundo laboral de la misma manera que el hombre, donde retrasamos la maternidad y paternidad hasta no conseguir un “asentamiento laboral” y una independencia económica… ¿qué lugar ocupa nuestra pareja?, ¿es nuestra prioridad o está en la cola de nuestras preferencias?

Vivimos en una sociedad individualista, donde se mira mal a quien no consigue sus metas, a quien decide ceder aspectos de su vida por los demás, y a quien no lucha por defender su proyecto personal diluyéndose y sumando fuerzas en un proyecto común. Muchas personas están deseando tener pareja, pero sin embargo no están dispuestas a ceder o renunciar a ciertas cosas… ¿Qué pasa entonces? En vuestras parejas, ¿siempre cede la misma persona?, ¿cedéis los dos? O ¿directamente no cede ninguno? Bien es cierto, que todos queremos sentirnos realizados con las decisiones que tomamos, y que sentirse bien a nivel personal, será garantía de un funcionamiento más sano en pareja, pero… ¿dónde está el límite entre EL YO Y EL NOSOTROS SI HABLAMOS DE RELACIONES?

Hay una creencia muy generalizada en nuestra cultura; y es que vivir en pareja, o tener una relación, implica renuncia personal. Es decir; si estás en pareja, tendrás que renunciar a cosas, actividades, amigos, familia, etc. y esto lleva a la creencia, de que la pareja implica irremediablemente, pérdida de libertad.

Pérdida de libertad, renuncia, aislamiento… con estas ideas ocupando nuestra conciencia… ¿Qué creéis que puede pasar?

Desde este paradigma pueden pasar dos cosas: hay personas que lo asumen, y viven una relación llena de privaciones y renuncias; y otras sin embargo, como no están dispuestas a perder lo más valioso, que es su libertad y su propósito de vida, renuncian, alejan o saboteen su vida amorosa.

Cualquiera de estas dos opciones  implicará insatisfacción, ya que dejan nuestra vida incompleta.

Lo que si podemos afirmar, es que esa creencia no es cierta… es obsoleta y limitante; ¡muy limitante!

El amor no es renuncia; es libertad. Cuando tienes tu propia vida, llena de sentido y orientación, lo más probable es que atraigas a una persona que también lo tenga y podréis vivir una bonita relación, cada uno desde su propio centro.

Frecuentemente escuchamos este tipo de comentarios en personas de treinta y muchos: “yo todavía no tengo ganas de comprometerme, prefiero esperar un poco”, “si me echo novi@ ahora no funcionaría la relación porque no tengo tiempo, salgo del trabajo todos los días a las mil”, “me muero de ganas de tener pareja, haría cualquier cosa por dejar de compartir piso con amigos y centrarme”, etc.

La realidad que vemos en consulta y al fin y al cabo en la vida misma, es que hay muchas personas que están dispuestas a renunciar a todo por su pareja o por estar en pareja (¡Cuidado: las relaciones que surgen de la necesidad, son peligrosas!) y en el extremo opuesto están las personas que por encima de todo tienen presente conseguir sus metas profesionales, o no moverse de su ciudad de siempre o de su zona de confort…

  • ¿Sabes, en mi trabajo están pensando en enviarme un año a Singapur?
  • Qué me dices, ¿y qué te ha dicho tu novio, Alejandro?

DIFERENTES POSIBLES RESPUESTAS:

  • Aún no se lo he dicho… no sé si me apetece que me acompañe o prefiero vivir esa experiencia sola… ir con él sería ir con una mochila a cuestas…
  • No sé cómo se va a tomar Alejandro, renunciar a su trabajo por acompañarme, porque en su empresa no le dejarían teletrabajar y dejar su trabajo…
  • Ya sabes que a Alejandro perder su libertad y depender económicamente de mi…
  • Pues creo que puede ser una experiencia muy buena para nosotros, poder estar allí juntos y fuera de nuestro círculo una temporada y ver cómo nos encontramos…
  • .

En realidad habría infinitas respuestas, pero ¿Cuál sería la tuya si fueses la parte de la pareja que “acompaña a Singapur”?

Os dejamos este post para reflexionar acerca de ello.

 

Elisa Sancha

Psicóloga Clínica y de Pareja